Entrevista Ana Benedicto

FullSizeRenderAna María Benedicto Justo nace en Vigo -Pontevedra- un 15 de diciembre de 1964, aunque lleva residiendo en Tenerife desde hace 33 años. Es licenciada en Historia del Arte y se dedica profesionalmente a la gestión de fondos documentales, elaboración de informes de rehabilitación y patrimonio y también ha participado en proyectos de investigación y divulgación cultural. Es una viajera entusiasta que ama los placeres sencillos, leer, escribir, caminar, aprender siempre y disfrutar de familia y amigos. Además se declara gran aficionada a la Formula1.

Usted fue la profesional que guió a los visitantes en el proceso de traducción de la fachada del Templo de Santa Cruz durante las jornadas de septiembre y abril. ¿Cómo podría resumir su experiencia?

Ha sido una experiencia muy positiva y satisfactoria. En primer lugar porque el Templo Masónico es un edificio fascinante que me atrapó desde el primer momento que lo comencé a estudiar e investigar, por lo que siempre es un placer para mi poder divulgar su historia, su simbolismo y su singularidad. Y por otro lado, porque la acogida que ha tenido la iniciativa entre el público ha sido impresionante, lo que da la medida del gran interés de los ciudadanos por conocer este edificio y todo lo relacionado con la masonería en Santa Cruz.

¿Qué fue lo que más sorprendía a los visitantes?

Una de las preguntas que más me han formulado es si los masones existen en la actualidad; muchas personas creían que la masonería es algo del pasado ya desaparecido. En cuanto al Templo, sorprendían dos cosas principalmente: que sea un elemento único y excepcional dentro de la arquitectura española, y el penoso estado en que se encuentra un elemento tan valioso.

¿Y el elemento que para usted es una genialidad?

El Templo tiene muchos aspectos geniales, pero sin duda la fachada es el elemento de mayor impacto, por su geometría y proporciones, sus elementos compositivos, su discurso simbólico…es un verdadero canto a los principios y valores de la orden masónica.

¿Se trata pues de una fachada muy vista pero poco observada?

Lo cierto es que ni siquiera se puede decir que fuera un fachada muy vista puesto que durante décadas estuvo oculta tras las ramas frondosas de un árbol plantado en la entrada. En la actualidad si se está observando y estudiando con mayor detalle, y nos sigue revelando aspectos sorprendentes.

Cómo resumiría en una frase el Templo a una persona que no lo conoce:

Una joya arquitectónica excepcional en cuanto a su forma, función, simbolismo y singularidad.

FullSizeRender (1)Es un edificio realizado bajo unas condiciones económicas muy duras, ¿desde la ejecución del mismo pudo más la imaginación y las ganas que los impedimentos materiales?

Sin duda. Los impedimentos materiales fueron muchos y continuos durante los 23 años que tardó en culminarse el templo, pero el esfuerzo y voluntad de los hermanos de la Logia Añaza fueron mayores e inasequibles al desaliento. Gracias a ese esfuerzo y tesón y al concurso de algunas voluntades posteriores en la historia, hoy tenemos en nuestra ciudad un elemento arquitectónico tan valioso y excepcional.

¿Qué significó para la ciudad de Santa Cruz de Tenerife contar con un edificio de estas características en aquella época?

El Templo fue un centro dinamizador de cultura y conocimiento, de valores democráticos y tolerancia, y también desarrolló una importante labor social con los más desfavorecidos.

Dice el refrán que ‘ahora o nunca’, ¿si no hubiera sido en ese momento, en la actualidad o en otro momento histórico se hubiera podido construir algo similar?

En otro momento posterior es impensable puesto que la dictadura franquista eliminó toda visibilidad de la orden masónica en el territorio español. Pero tras la Constitución de 1978 y la legalización de la masonería en España, lo cierto es que ninguna potencia masónica ha abordado la construcción de otro templo.

El templo a superado a la intolerancia, al urbanismo y al paso del tiempo. ¿Es un superviviente nato?

Si, pero no solitario. El momento más delicado de su historia es cuando cae en manos del estamento militar bajo un régimen dictatorial que persigue y reprime la masonería. Y sin embargo, no se puede dudar que hubo voluntades en ese estamento militar que protegieron el edificio de su destrucción, como ocurrió con otros, y ayudaron a su conservación sin grandes alteraciones, aunque se perdieran algunos elementos, como las pinturas del Salón de Tenidas y el de Banquetes. Es más lo que se ha conservado que lo que se ha perdido, y es justo reconocerlo. Ahora nos toca a todos, ciudadanos e instituciones, devolverle al Templo la dignidad y el lugar que le corresponde en la ciudad en reconocimiento a su excepcionalidad.

Por último ¿Cómo animaría a los lectores a colaborar con la rehabilitación y restauración del templo?

Yo les invito a conocer su historia y valorar la singularidad de sus elementos, a difundir sus valores y a ayudar económicamente en la medida de sus posibilidades. Ninguna ayuda es pequeña para abordar un proyecto de recuperación tan urgente y necesario de un elemento tan valioso.

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